19 mayo 2009

Hay muchas y pocas cosas que me provocan miedo.
Hace algunos años me daba miedo el verme sola, sin mi marido viviendo mi vida sin él. Ahora que ya son 6 meses sin él me doy cuenta que ya no tengo miedo. Casi ni le extraño.
Me da miedo las cucarachas, las ratas (ojo no ratones) hasta cierto punto me da miedo la muerte. Pero ahora quiero hablar sobre el miedo que siempre tuve a una sala de operaciones. Mi padre murió en una de ellas. Siempre tuve el temor que el que entraba alli no salía con vida.
La primera experiencia que vivi cerca de una situación de estas, aparte de la de mi padre; fue cuando en el 98 operaron a mi bebé, me sentí morir, mi mente se nubló, mi corazón se detuvo a tal grado que me dió un ataque de histeria. Lo superé sin problemas.
La segunda vez fue en el 2004 cuando operaron a mi marido, si. Tambien me sentí morir, sentí que no saldría de allí. Me moría de miedo al solo pensar que no lo vería más. Recuerdo que se fue en la camilla y yo me mordía los labios para no llorar. Al salir no pude esperar más y me metí a escondidas al hospital hasta que lo pude ver justo en la sala de afuera de cirugía. Me sentí más tranquila.
Ahora será la tercera vez que experimente esto. Me van a operar.
Ya es un hecho. No puedo seguir escapando. Aunque como toda mujer enamorada de Jesús, puedo decir que El decidirá si se hará o no la operación. Por lo pronto, ya tengo mis donadores, mi cita y a esperar.
Ahora ya no con miedo, no tengo miedo. Me siento fortalecida en Jesús quien sé que me acompañará en cada momento, guiará a los doctores y efermeras. Será El quien decida si saldré de esta o no.
Lo que si lamento es el pensar que estoy experimentando todo esto sin mi esposo. Algo que Dios permitió que fuera así, para que no fuera peor.



El dia es pronto, el 22 de junio será...a 18 días de haber cumplido 34 años será.

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